En el mundo de los negocios, hay muchas habilidades que se valoran muy positivamente. Una de ellas, es la Comunicación y la Influencia personal. Pero se nos olvida muchas veces, que un buen comunicador, debe saber escuchar, para poder adaptar su discurso al de la persona o personas a las que se quiere dirigir.
Algo que parece tan sencillo como la escucha, no es nada fácil de gestionar. Interviene nuestra personalidad, nuestras emociones y el aprendizaje previo que hayamos tenido en esta habilidad.
Hay quien achaca a la dificultad de saber escuchar, a que vivimos tan “acelerados” que esta habilidad cada vez se va deteriorando más y dejamos de dedicarle el tiempo y la energía que necesita.

Algunos de los ERRORES que nos encontramos a la hora de “escuchar” son:

1) Pensar en lo que nosotros vamos a decir cuando la otra persona acabe de hablar. Esto hace que nos distraigamos y no prestemos la atención debida a lo que la otra persona nos está diciendo. También perdemos información, no solo sobre el contenido, sino sobre el tono, los matices… u otros detalles igual de importantes que el contenido de lo que se nos está informando.

2) Pensar en nuestras cosas personales mientras la otra persona está hablando. Esto, además de una falta de respeto, indica un gran desinterés por nuestra parte sobre lo que se nos está comunicando. Queda feo decirlo, pero siempre hay reuniones de trabajo en los que se observan “caras ausentes”. Siempre es importante estar con la “mente abierta” y no podemos dejarnos llevar por nuestros propios pensamientos cuando estamos en entornos laborales

3) Centrarnos solo en aquellos aspectos que nos interesan o que nos resultan más fácil. Esto resta mucha información, porque lo que estamos haciendo es quedarnos sólo con una parte del mensaje y no tener en cuenta la globalidad del mismo.

4) Darle más importancia al “continente” que al “contenido” del mensaje. Esto es un error muy habitual. Tendemos a fijarnos en exceso en el contexto del mensaje (el interlocutor, el escenario, etc…) y nos abstraemos tanto, que damos más importancia a cosas como si el escenario o la sala son lo suficientemente acogedores o, si la persona que nos habla nos resulta interesante o aburrida… etc.

5) Interrumpir de manera habitual a nuestro interlocutor. Esto es bastante habitual en las personas poco pacientes, ansiosas, que quieren información de una manera rápida… No dejan a los demás, libertad de expresión y coaccionan mucho las informaciones.

6) Nuestras características personales. Ejemplo: una excesiva timidez puede hacernos sentir “inferiores” a la persona que nos está comunicando algo y hacer que perdamos el foco de lo que nos dice. Por el contrario, si somos excesivamente verborreicos, lo que nos pasa es el caso contrario: avasallamos a nuestro comunicador y le “coartamos” la comunicación.
Otra característica personal que nos limita en una buena escucha, son nuestras percepciones erróneas o nuestras barreras mentales. Ejemplos de esto serían nuestros prejuicios sobre ciertos temas, que nos bloquean o nos hacen tener ideas preconcebidas totalmente erróneas sobre el mensaje o sobre quién nos lo comunica

¿Qué podemos hacer para ejercitar una “buena escucha? CONSEJOS:
Para saber a qué nos referimos, podemos decir que “saber escuchar” es aquella habilidad que nos posibilita comprender a los demás, no solo en lo relativo a la información que nos transmiten, sino en saber percibir sentimientos y perspectivas de las otras personas e interesarse activamente por sus preocupaciones.

Saber escuchar nos reporta innumerables beneficios que resultan útiles tanto en nuestra vida personal como profesional. Lo que hay que hacer es evitar caer en los errores anteriores y poner en marcha algunos aspectos que nos ayudarán a “escuchar mejor a los demás”. Las ventajas de hacerlo bien, se traducen, por ejemplo, en que:
– La persona que escucha con atención manifiesta una imagen de respeto e interés hacia el que comunica, que le hacen sentirse importante y valorado. Así hay una relación más agradable entre ambos.
– La persona que escucha puede aprender muchas cosas de la que habla, no solo en conocimientos, sino en saber sus intereses, preferencias ó conocer sus sentimientos.
– Realizando una buena escucha es más fácil que no haya malas interpretaciones o malos entendidos. Esto en el ámbito laboral es más importante de lo que pensamos.
Consejos para entrenar la habilidad de la escucha activa:
• Controlar nuestras emociones: si estamos tranquilos y con buen humor, es más difícil caer en discusiones por malas interpretaciones.
• Entender también las emociones del otro. Es decir, ser “empático” y ponernos en su situación. Debemos reconocer los sentimientos ajenos, su lenguaje corporal, su tono de voz, etc.
• Dejar hablar con calma a nuestro comunicador. Si le interrumpimos o le metemos prisa, no le estamos dando el tiempo necesario para que se exprese correctamente. Debemos ser pacientes y tolerantes y dejarle que hable con libertad.
• Formular preguntas o resumir o expresar con nuestras palabras lo que creemos haber entendido. Esto, nos ayudará a dar a entender a nuestro comunicador, que estamos atentos y podremos corregir aspectos que no hayamos entendido bien.
• Evitar las distracciones. Centrarnos en la comunicación y no dejarnos llevar por nuestros propios pensamientos. Tampoco es adecuado estar “pintando” cosas en un papel, o mirando el móvil, etc.

 

 

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